El día comenzó con una liturgia animada que dio impulso y color a nuestro caminar. Fue un día lleno de alegría y gratitud por todo lo que Dios está realizando a través de las Hijas de San Pablo.
Con un espíritu de familia y sororidad compartida, emprendimos un verdadero viaje misionero alrededor del mundo, escuchando las historias de las iniciativas apostólicas emprendidas por nuestras hermanas para responder a las necesidades de tantas personas, llevando esperanza en situaciones diversas y complejas.
Hemos reflexionado sobre estas “iniciativas de esperanza” en las diversas circunscripciones en las que trabajamos, y fue maravilloso aprender unas de otras y alegrarnos por el bien que Dios está haciendo con nosotras. Compartir nos ha abierto los ojos sobre lo amplios y profundos que son los horizontes de nuestra misión: las hermanas han llevado y llevan la esperanza de Cristo a muchos: a los jóvenes, a quienes sufren injusticias sociales, a quienes se han encontrado solos durante la pandemia, a todos aquellos que buscan una formación espiritual, bíblica, humana…
Concluimos el día con los afectuosos saludos y buenos deseos de nuestras hermanas mayores, seguidos de un momento de oración de alabanza y agradecimiento al Señor por todo lo que hemos vivido hoy y por seguir siendo un don de esperanza y paz de Cristo para quienes nos rodean.
