Conclusión del 12° Capítulo General

CONCLUSIÓN DEL 12° CAPÍTULO GENERAL

Hna. Mari Lucía Kim, Superiora general

 

Con profunda emoción, tengo el honor y la alegría de presidir esta última sesión de nuestro Capítulo general. En mi corazón, y creo que también en el de ustedes, resuenan en este momento tantas exhortaciones, desafíos, deseos de bien, tanta gratitud.

Nuestro Capítulo ha sido realmente una intensa experiencia de compartir, de celebración, de profundización en las riquezas carismáticas que el Señor ha derramado sobre nosotras. Ha sido una experiencia de bendición.

Desde los días de los ejercicios espirituales hemos sentido que las palabras del Señor a Abraham se dirigían a nosotras: “Que seas tú una bendición”. A través de las vicisitudes de Abraham, nuestro padre en la fe, hemos llegado a conocer la manera de actuar de Dios en la historia y a discernir su voluntad. El don de la bendición también fue destacado por la hna. Anna Caiazza, en la apertura del Capítulo: «Hay una profunda necesidad de bendición sobre el mundo, sobre la humanidad, y también hay necesidad de bendición sobre nosotras, para que crezca en nosotras la audacia de comunicar el evangelio de la esperanza y ser en los rincones del mundo una bendición, una bendición de paz y mansedumbre».

Una bendición han sido las jornadas en las que hemos recorrido el camino de los últimos seis años. La hna. Anna nos ha presentado “el rostro hermoso de nuestra congregación: rico en colores, en historias diferentes, en semillas del Evangelio que siguen germinando… y en las fatigas cotidianas transformadas en ofrenda, como pan partido y compartido”. Con esperanza, nos ha exhortado a mirar la “santidad de la puerta de al lado” para creer que – incluso en los momentos difíciles – Dios nunca deja de producir algo nuevo. «Miren, yo realizo algo nuevo: ya despunta, ¿no lo notan?» (Is 43,19).

En los días dedicados a nuestras circunscripciones, hemos contemplado como una bendición las diversas iniciativas que dan testimonio de la vivacidad y la belleza de nuestra presencia en el mundo y del gran bien que hacemos, a veces de manera silenciosa.

Las apasionadas palabras de los sucesivos relatores fueron una bendición, pues se centraron con claridad en el tema del Capítulo, instándonos a dejarnos impulsar por el fuego del Espíritu para ser nosotras mismas una bendición para muchos,

Fueron una bendición los días que pasamos juntas, en un estilo sinodal, delineando la dirección que deseamos tomar para el futuro próximo y las llamadas específicas para nuestra congregación en este momento histórico. Bajo la sabia, amable y firme guía de la Hna. Tiziana Merletti, sfp, hemos elaborado el documento capitular identificando la dirección que iluminará el itinerario de los próximos años y las llamadas o prioridades.

Una gran bendición para todas nosotras, para toda la congregación, fue la audiencia que nos concedió el papa León. Nos recibió con gran benevolencia y pronunció palabras de profunda unción espiritual y carismática.  Nos invitó sobre todo a mirar hacia arriba y sumergirse dentro.

Mirar hacia arriba porque “es el Espíritu el protagonista de la misión, es el Espíritu el que nos impulsa hacia adelante multiplicando nuestros talentos, reconfortándonos en las fatigas, calentando nuestros corazones cuando se enfría la alegría del Evangelio, iluminando nuestros pasos y ofreciéndonos intuiciones creativas para que seamos capaces de abrir nuevos caminos para la comunicación de la fe”.

Sumergirse en las situaciones… en la historia… para entrar en las profundidades de la humanidad herida y llevarles el amor del Padre… para habitar la cultura actual y encarnarnos en la vida real de las personas”. “Cada medio de comunicación —nos dijo el papa— debe ser un seno hospitalario para los sufrimientos y las esperanzas de las mujeres y los hombres a quienes somos enviados”.

Por cada don recibido durante estos días, elevamos nuestra gratitud al Señor.

Gracias, ante todo, a hna. Anna Caiazza por estos años vividos, como consejera y superiora general, al frente de la Congregación. Gracias por su sabiduría, su amor a cada hermana, su incansable compromiso por ser, como Pablo, «toda para todos».

Gracias a hna. Clarice, hna. Shalimar, hna. Anastasia, hna. Donna, hna. Bruna, hna. Micaela, hna. Carmen Christi, hna. Annamaria por el servicio al gobierno general que ahora concluyen.

Gracias a la Comisión pre- capitular que preparó todo para el buen desarrollo de estas jornadas.

Gracias a la facilitadora, hna. Tiziana Merletti sfp, que nos acompañó con verdadera sabiduría y competencia.

Gracias a los miembros de la Comisión central y a los distintos equipos de redacción y comunicación, litúrgico y recreativo, de lectura de las actas.

Gracias a las traductoras, que hicieron posible la comunicación entre todas nosotras.

Gracias a las moderadoras de los grupos y a las secretarias.

Gracias a las hermanas que, en silencio, han prestado los diversos servicios para que nuestro camino fuera más expedito.

Gracias a las hermanas del Sicom que han gestionado el sitio web, llevando nuestros rostros y nuestras voces a todos los rincones del mundo. Gracias a hna. Saveria por su trabajo silencioso y rápido, también como enfermera.

Gracias a los hermanos paulinos y a sus colaboradores y colaboradoras, que nos han acogido en esta casa y nos han hecho respirar un clima de familia.

Gracias a todas nuestras comunidades, a la Familia Paulina, a las diferentes congregaciones de claustro que han rezado y nos han obtenido tanta luz.

Gracias a las hermanas mayores y enfermas que tanto han ofrecido y rezado por nosotras.

Gracias a todas nosotras, hermanas capitulares, por el compromiso, la seriedad, la corresponsabilidad y por ese clima serio, trabajador y responsable que ha caracterizado cada etapa del Capítulo.

Y un agradecimiento desde lo más profundo del corazón a las hermanas que han aceptado compartir conmigo el privilegio de servir a la Congregación en el gobierno general.

 

Proyectarnos hacia adelante

Acogiendo con alegría el lema paulino del “Me proyecto hacia adelante”, miramos ahora con la audacia de la fe el camino que nos espera, un camino que tiene una dirección muy precisa, la dirección que ha surgido de nuestro discernimiento capitular:

Enraizadas en la Palabra que sana,
vivamos con alegría nuestra identidad paulina
para ser canales de luz
y bendición para la humanidad.

Enraizadas en la Palabra que sana

Hemos nacido para comunicar la Palabra, pero antes que nada estamos llamadas a arraigarnos, a sumergirnos en la Palabra, en esa Palabra que nos ha generado, nos forma, nos guía, nos enciende el corazón. Como Pablo, estamos confiadas a la Palabra para convertirnos cada vez más en “mujeres de la Palabra”, “mujeres de la alianza”, apóstoles que con fe y humildad se alimentan de la Palabra, mantienen “alta la Palabra”, revisten esta Palabra con los colores de la belleza, la desmenuzan para que pueda tocar los corazones de todos y pueda llevar vida, luz, esperanza, paz; que pueda llegar a las periferias y a las nuevas fronteras del pensamiento, del diálogo profético con las religiones y la cultura.

Apóstoles de la Palabra que se comprometen a reavivar la fe para “hablar las palabras de Dios” y comunicar su pensamiento (cf. PP, p. 696).

Vivamos con alegría nuestra identidad paulina

Una identidad que hunde sus raíces en la experiencia del apóstol Pablo, nuestro Padre. El Papa nos ha invitado a “mirar el ardor de san Pablo, su alegría incansable por anunciar a Cristo incluso en medio de las dificultades y las persecuciones”. Pero también nos ha exhortado a no crear separaciones entre lo que predicamos y nuestra vida cotidiana, a ser fieles al método de la integralidad que hunde sus raíces en Cristo Maestro, Camino, Verdad y Vida. Es una llamada a liberar las energías del carisma, a hacerlo vivo en nuestras personas para luego pasar a otras generaciones la antorcha profética que se nos ha entregado.

Para ser canales de luz y bendición para la humanidad

En esta expresión resuenan las palabras del Fundador en Abundantes Divitiae, pronunciadas en un clima eucarístico: «Desde aquí quiero iluminar. Es decir, que yo soy su luz y que me serviré de ustedes para iluminar; les doy esta misión y quiero que la cumplan….  Que cada uno piense que es transmisor de luz, altavoz de Jesús, secretario de los evangelistas, de San Pablo, de San Pedro…».  Y refiriéndose a estos canales, la hermana Simona Brambilla, prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, nos ha exhortado a tener raíces sólidas, que se nutran del árbol del Instituto para que a través de nosotras pase esa energía vital que llega a los destinatarios.

La dirección que nos ha inspirado el Espíritu, acompañada de las diferentes llamadas, será realmente exigente. Nos sentimos pequeñas y, por lo tanto, estamos en la actitud correcta para que en nosotras y a través de nosotras se sigan realizando milagros de gracia, de santidad, de apostolado. Para ello nos encomendamos a Maestra Tecla, que siempre se sintió pequeña y pobre en las manos de Dios. El mismo Padre Alberione nos exhortaba a seguir el camino trazado por la Primera Maestra:

El Instituto está en la voluntad de Dios: caminen por los rieles establecidos por la Primera Maestra… Conozcan aún mejor a la Primera Maestra para imitarla; pidan su mismo espíritu. Ella les ha abierto un camino profundo: Dios estará siempre con ustedes (CVV 264).

Es un deseo que tendremos muy querido en nuestro corazón.

Ahora solo nos queda clausurar oficialmente esta asamblea capitular:

Dado que la Asamblea Capitular, con la mayoría cualificada requerida, votó la clausura de este Capítulo General, me complace declarar

oficialmente clausurado el XII Capítulo,

que celebramos según las normas establecidas en las Constituciones y el Directorio, artículos 165-175.

 

El Capítulo concluye sus funciones, pero para comenzar un nuevo camino, un camino espiritual de escucha y búsqueda de la voluntad de Dios, cuyo protagonista será el Espíritu Santo.

Con fe y amor, partimos de este Cenáculo para compartir con las hermanas los frutos de nuestro trabajo, sintiendo especialmente verdaderas las palabras del Fundador que siempre nos emocionan: «La Congregación está en nuestras manos, que son buenas manos…».

Nos encomendamos a Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida, a la intercesión de María Reina de los Apóstoles y de San Pablo y, siguiendo el ejemplo del Beato Santiago Alberione y de la Venerable Hna. Tecla Merlo, nos comprometemos a vivir con alegría la vocación de las Hijas de San Pablo, anunciando con valentía el Evangelio de la esperanza.

¡Buen camino a todas!